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28 oct. 2018

Estambul inaugura sin acabar el aeropuerto que quiere ser el mayor del mundo


Estambul inaugura sin acabar el aeropuerto que quiere ser el mayor del mundoLara Villalón/EFE
Estambul
Aún no se ha anunciado su nombre y faltan elementos en la terminal y en la pista de aterrizaje, pero Turquía inaugurará mañana en una solemne ceremonia, coincidiendo con el 95 aniversario del país, el tercer aeropuerto de Estambul, que aspira convertirse en el de mayor tráfico de pasajeros del mundo.
El aeródromo, cuyo nombre oficial será anunciado mañana durante la inauguración por el presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, se empezó a construir en 2016 sobre una mina de carbón y dos lagos situados en el noroeste de la parte europea de Estambul, muy cerca del mar Negro.
IGA (Istanbul Grand Airport), la empresa que lo construye y lo gestionará, ha asegurado que a partir de mañana comenzarán a operar los primeros vuelos de Turkish Airlines, la principal aerolínea turca, con una frecuencia inicial de cinco conexiones diarias, tanto nacionales como internacionales a Chipre y Azerbaiyán.
Un tráfico insignificante si se compara con que el nuevo aeropuerto planea gestionar 90 millones de pasajeros anuales ya en 2019, y 200 millones en 2023.
Si se cumplen esos pronósticos, esta infraestructura será el aeropuerto con más tráfico del mundo, doblando casi los 104 millones de pasajeros que transitaron en 2017 por el Hartsfield-Jackson Atlanta International Airport (EEUU), que ostenta actualmente el récord.
"(El aeropuerto de) Atatürk aumentó su actividad un 22 % en cinco años y ya no podía crecer más. Necesitábamos una nueva construcción", explicó recientemente Kadri Samsunlu, director IGA, a un grupo de periodistas, refiriéndose al principal aeródromo de Turquía, también en Estambul.
El Atatürk, que comenzó a funcionar en 1953 pero que fue ampliado y renovado en 1999, no cerrará de golpe, sino que habrá un periodo de transición.
Un proceso que será complicado, debido al enorme volumen de vuelos y a que la nueva infraestructura se encuentra a 45 kilómetros de la actual.
Sí seguirá operando el Sabiha Gökçen, un aeropuerto en la parte asiática de Estambul con capacidad para 25 millones de pasajeros al año.
El plan del Gobierno turco es que la nueva infraestructura sea el centro de un complejo empresarial y de negocios que, junto a la actividad del aeropuerto, genere una riqueza equivalente al 4,89 % del producto interior bruto (PIB) del país en 2025.
"Turquía escoge las infraestructuras y el transporte como principal motor económico", detalló Samsunlu.
Esencial para que se cumpla ese proyecto es que se termine la línea de metro que salve los 35 kilómetros entre la ciudad y el aeropuerto, y que no estará lista hasta finales de 2020.
Hasta entonces, una línea de autobuses trasladará a los pasajeros desde y hacia el centro de la capital eurasiática.
Lo cierto es que esta ambiciosa infraestructura, que cuando esté terminada habrá costado 10.000 millones de euros (11.338 millones de dólares), ha sufrido numerosos retrasos.
El acuerdo para construirlo se firmó en mayo de 2013 y los planes iniciales preveían su inauguración en 2017.
En 2014, un tribunal ordenó la suspensión de las obras por posibles daños medioambientales.
En los dos últimos meses, las obras se han demorado por las huelgas de trabajadores que pedían salarios atrasados, mejoras de las condiciones de alojamiento, así como ropa de trabajo y una atención médica correcta para víctimas de accidentes laborales.
Más de 460 trabajadores, de los que 36 siguen en prisión preventiva, han sido detenidos por participar en los paros.
"Estamos abiertos a peticiones pacíficas", aseguró Samsunlu, que afirmó que había habido "cambios" en el equipo de trabajo, pero sin aclarar si los huelguistas han sido despedidos.
"La situación está bien ahora desde mi punto de vista", señaló.
Sindicatos turcos denuncian que, desde el inicio de la obra, han muerto 38 trabajadores en accidentes laborales, aunque IGA reduce la cifra a 30.
"Hemos empleado a 24.000 trabajadores en el proyecto y 150 expertos en seguridad. Se han dado cursos de seguridad y hay una vigilancia del trabajo, pero al final es muy difícil una vigilancia constante", declaró.