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28 jul. 2018

Padre afectivo, abuelo mimado


Padre afectivo, abuelo mimadoDeyanira Polanco
Santo Domingo
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“No es necesario que hable, nadie en el mundo transmite más cariño y complicidad que mi abuelo, para él no hay diferencia entre hijos, nietos y biznietos, por eso lo amamos y se lo demostramos siempre”. Así habla Robelkis, una profesional de 35 años, de su abuelo Benjamín, de 84 años, quien celebra el Día de los Padres rodeado de cariño.
Es que el afecto paterno tiene un impacto positivo a largo plazo para el progenitor y sus descendientes. La sicóloga Rafaela Burgos dice que cuando un adulto es sensible a las necesidades emocionales de los niños, entiende cómo se sienten y da cabida a sus estados de ánimo y sus preocupaciones, es un apoyo para el desarrollo emocional del niño.
“Mi papá es dulce, de corazón noble, trabajó para sus diez hijos, con precariedades económicas, pero siempre me sentí rico, porque nos dormía en las piernas, detectaba cuando estábamos tristes y nos tocaba el vientre para ver si teníamos hambre”, es el testimonio de Heriberto, quien tiene cuatro hijos y replica el amor que recibió desde su infancia.
Burgos explica la diferencia entre el padre que solo se preocupa por suplir las necesidades económicas de la familia y el que crea la figura de apego emocional: “Es una persona que está ahí porque te quiere, te corrige, te guía, te responde frente a cosas grandes y pequeñas, y en muchas familias es el padre”.
Dice que para que un niño pueda enfrentar la vida con recursos, habilidades y con posibilidades de salir adelante, aunque haya pasado situaciones muy difíciles, necesita que alguien tenga ese rol y es fundamental que esa persona se muestre accesible, comprensiva.
“En mi casa mi papá era el que daba más cariño, pero mamá era la exigente con los estudios, decía que el pobre tenía que estudiar para echar adelante, así lo hicieron mis hermanos y es el ejemplo que tenemos, y que yo aplico para mis tres hijas y mi hijo”, cuenta Heriberto.
Ambos tenían mensajes intangibles que fueron captados por sus hijos y hoy en su vejez reciben manifestaciones de amor, no de rechazo, como cuando el adulto le hace ver al niño que está obligado con él.
En muchas sociedades se ha estereotipado el rol de padre y de madre; las mujeres son educadas para los afectos y varones, para ser más fuertes, agresivos, y les resulta difícil mostrar su lado afectivo.
La buena noticia es, según Burgos, que hay una nueva generación de padres que se involucra en la vida de sus hijos, que van a las reuniones del colegio, al pediatra, que asumen un compromiso de participación más directa a la que aprendieron en su casa.
El padre que se involucra no solo llena un espacio de los hijos; también disfruta su paternidad de manera diferente a los hombres que no se involucran. 
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