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6 jun. 2018

UN MOMENTO Los salmos y la corrupción


Los salmos y la corrupciónMons. Ramón Benito De La Rosa Y Carpio
Hoy hacemos la entrega No. 31 sobre este tema de “Los salmos y la corrupción”. Les propongo echar una mirada al salmo 106, un salmo sumamente interesante.
Ante los problemas por los que pasaba el pueblo israelí, viéndose ellos, no solamente pensaban en que eran responsables los reyes, los príncipes, los políticos o los que dirigían el país, sino toda la nación, y por eso este salmo es una confesión nacional: aquí todo el mundo tiene algo de culpa. Normalmente echamos la culpa a los otros, nos mostramos negativos.
El salmo 106 dice: “También yo tengo una parteÖ”, porque al menos cuando no se hace lo que se debe hacer, cuando no se pone de su parte, cuando no se pone el granito de arena, hay que decir: yo también soy responsable de esta situación.
Cuando uno habla de violencia y es violento, uno es responsable, y en ese sentido también el pueblo tiene que tener su confesión nacional, no importa la que sea. Frente a la corrupción, tal vez hay padres que tengan que decir: yo no hice o no he hecho lo que debo hacer para que ese flagelo, ese mal desaparezca del país.
Una confesión general humilde, es poder decir: yo también tengo mi granito de arena en lo que está pasando; la confesión lleva a una conversión: ¿Qué yo puedo hacer? ¿Qué yo voy a hacer? Si yo soy violento y dejo de serlo, habrá un violento menos en el país; si yo hago alguna trampa, habrá un tramposo menos, un corrupto menos, aunque no sea una corrupción a gran escala.
Confesión nacional: también nosotros reconocer la cuota que podamos tener, y como dice Jesús: “Aquel que confiesa que no tiene culpas, que se revise a sí mismo”; “El que diga que no tiene pecados, tiene que mirar su propio ojo y sus propias acciones y palabras”.
Hasta mañana, si Dios, usted y yo lo queremos.
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