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27 jun. 2018

Un manto de pesimismo envuelve a la sociedad


Alternativa. Ante la falta de oportunidades y el desaliento por la situación que se vive aquí mucha gente opta por emigrar a otros lugares. Esto es negativo para el país porque pierde muchos jóvenes valiosos, advierte el sociólogo Celedonio Jiménez.
Lilian Tejeda
lilian.tejeda@listindiario.com
Santo Domingo
listindiario
“Anoche murió un muchacho por mi casa de un accidente de motor”; “de camino para acá me encontré con un accidente de tránsito”; “oigan, dizque acaban de matar a uno en Santo Domingo Oeste”, esto era lo que se comentaba en un salón de belleza el pasado lunes por la mañana, inicio de la semana laboral.
Esos hechos trágicos recurrentes, el salir a la calle pensando que algo malo les podría pasar, el desgano por no encontrar el trabajo deseado, salir cada día a “coger lucha” en el transporte público, las dificultades para acceder a ciertos servicios básicos, entre muchos otros factores son los que llevan a la gente a vivir con una desesperanza que comúnmente se refleja en expresiones como “esto está jodido”; “esto no tiene arreglo”; “hay que irse de este país”.
Una parte de mí quiere ser optimista, sin embargo el diario vivir me hace despertar de ese sueño. Cada día las cosas van peor, menos seguridad, menos calidad de vidaÖ Tengo miedo de salir a las calles”, afirma Águeda Solano, una joven de 22 años que tiene pocas expectativas de que las cosas mejoren.
Años atrás, explica la joven, la gente tenía la esperanza de que la situación mejorara, pero con el paso del tiempo su percepción es que sólo ha empeorado y su desánimo cada día aumenta.    
“Eso nos indica que más adelante quizás las cosas serán peores. Mientras más generaciones vienen más se pierden los valores, más crece la delincuencia, menos seguridad hay. No hay buenas expectativas”, opina Solano.
Igual percepción tiene Jean Carlos Santana, quien dice sentir preocupación por la inseguridad que prevalece en la sociedad dominicana y por la falta de buenas oportunidades para jóvenes preparados académicamente como él.
“A mí como joven me afecta bastante (la situación actual). Entiendo que pertenezco al grupo que desea progresar pero aquí no se me permite. Estamos teniendo gobiernos que no han sabido aprovechar las grandes riquezas que tenemos. Lo que más duele es que siento que esto puede empeorar antes de que mejore”, considera Santana.
Ese es el sentir de otros jóvenes consultados. En sus opiniones la inseguridad aflora como el problema de mayor preocupación y la falta de optimismo es común entre todos.
“La verdad es que no creo que las cosas mejoren mucho. Hay una educación, no del colegio, sino de la casa que está faltando. Sería mejor vivir en un lugar donde no haya tanta inseguridad. Aquí hasta un sonido de motor pone a la gente nerviosa. Tal vez las cosas cambien para mejor, pero no creo que sea por ahora. Supongo que tocaremos fondo primero”, expresa Alejandro.
Para algunos lo lamentable es que esta generación padece los mismos problemas que dos generaciones atrás: no hay luz, no hay agua, y las escuelas y los hospitales no dan un buen servicio, por lo que hay que acudir a centros de salud privados. Por tanto, “nos preocupa nuestro futuro y el de nuestros hijos”, expresan.
¿Qué hacer ante este panorama?
Para el sociólogo y catedrático Celedonio Jiménez, esa actitud pesimista de los ciudadanos se explica porque a medida que los problemas de la sociedad se incrementan, no se vislumbran propuestas efectivas para solucionarlos.
 “Yo pienso que hay razones (para ser pesimistas), pero creo que no hemos llegado a un punto sin retorno, hay que continuar luchando”, considera el experto en sociología, que es la ciencia que estudia el comportamiento social de las personas, de los grupos y de la organización de las sociedades.
Jiménez opina que en el país no se han dado pasos trascendentales para atacar la raíz de problemas como los homicidios y la criminalidad, en los que influyen factores socioeconómicos, éticos, educativos, y muchos otros.
El experto entiende que aunque la gente tiene suspicacia y poca fe en que las cosas van a mejorar, nunca se puede perder la esperanza.  
 “Creo que sí hay solución, hay que continuar demandando que se dé un acuerdo para enfrentar la situación. Si eso no se hace, sí creo que vamos a llegar a un punto donde por más esfuerzos que  se haga ya no habrá retorno. En cierto modo estamos llegando a ese punto”, advierte el sociólogo.
¿Qué hacer mientras tanto?
Mientras los responsables de aportar soluciones se deciden a buscar alternativas colectivas para enfrentar los problemas, cada quien individualmente debe fomentar el optimismo en los entornos en los que se desenvuelve (hogar, escuela, trabajo, en la calle...), recomienda Jiménez.   
Transmitir mensajes positivos y persistir, sobre todo con los niños, para que se mantengan en el camino correcto es lo que podemos hacer mientras tanto.