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30 abr. 2018

Las ratas de Nueva York son armas biológicas, tienen ‘superbacterias’


Las ratas de Nueva York son armas biológicas, tienen ‘superbacterias’

NUEVA YORK.- Investigadores de la Universidad de Columbia difundieron hace unos días una información inquietante: los ratones de Nueva York son portadores de virus completamente desconocidos para la ciencia y de ‘superbacterias’ capaces de sobrevivir a la acción de los antibióticos.
Aunque los científicos no conocen aún el potencial infeccioso de estos roedores, la noticia es preocupante si tenemos en cuenta que el ‘mus musculus’ es un animal doméstico y urbano muy próximo a la población humana y que la Gran Manzana, donde convergen viajeros de todos los rincones del mundo, es un foco ideal para la propagación de patógenos.
El peligro hipotético de los ratoncitos neoyorquinos es de lo más democrático y se reparte por igual en los distritos pijos y en los barrios marginales.
El equipo dirigido por el profesor Ian Lipkin atrapó unos 400 ejemplares en los sótanos de edificios de apartamentos de Manhattan, Brooklyn, Queens y el Bronx.
Los ratones parecían saludables, pero el análisis de sus excrementos arrojó resultados sorprendentes: para empezar, los investigadores encontraron nueve especies de virus que no habían visto jamás y, en un segundo estudio centrado en las bacterias, detectaron Salmonella, Sighella, Escherichia coli y Clostridium difficile.
Todas, salvo esta última, están en la lista de la Organización Mundial de la Salud de patógenos «para los que se necesitan urgentemente nuevos antibióticos», ya que el abuso de estos fármacos ha favorecido mutaciones que han dado lugar a microbios capaces de resistir a los tratamientos, mucho más letales.
En humanos, las cuatro producen diarreas y otros síntomas digestivos, pero pueden causar complicaciones graves, como artritis reactiva (Sighella) o meningitis (E. coli).
Un brote epidémico de este bacilo -del que se culpó erróneamente a los pepinos españoles- mató a 33 personas en Alemania en 2011.
Respecto a los virus desconocidos, es difícil determinar el riesgo que representan para la población humana.
Los múridos son reservorio de muchos organismos infecciosos que pueden transmitir aunque no padezcan la enfermedad. Lo hacen de forma indirecta, a través de vectores como mosquitos, ácaros, garrapatas o pulgas, como ocurrió en el siglo XIV con la ‘peste negra’. O directa: los mordiscos son raros, pero no es tan infrecuente tocar la piel, la orina, las heces o las secreciones de roedores, o bien consumir alimentos en los que han dejado su ‘huella’.
«El riesgo para los humanos no se puede descartar», admite el presidente del Consejo General de Veterinarios, Juan José Badiola, quien apunta también al contacto directo con las aguas y residuos de las cloacas. Y los hechos le dan la razón: el año pasado varios triatletas que nadaron en la ría de Bilbao contrajeron leptospirosis, una dolencia que se transmite cuando la bacteria, que pasa al agua por la orina de las ratas y otros animales, entra en contacto con las mucosas.
Una persona, una rata
A veces parecen invisibles en nuestras ciudades, pero los roedores están ahí. Por miles. O millones. «Cualquier intento de calcular su número es pura especulación», asegura Jacinto Díez, portavoz de Rentokil Initial, empresa especializada en control de plagas.
La leyenda urbana asegura, por ejemplo, que en Nueva York hay tantas ratas como habitantes (8,5 millones), pero algunos expertos reducen la cifra a una cuarta parte.
Los ayuntamientos toman medidas para controlar esta población subterránea mediante venenos o trampas mecánicas. Pero su exterminio no es un objetivo realista. Ni siquiera deseable, al parecer.
«Cada animal cumple su papel en la cadena trófica y las ratas, por su voracidad y su necesidad continua de roer para mantener sus incisivos limados, acaban con muchos detritos y evitan atascos en el alcantarillado», señala Díez.
Cosa distinta son los ratones domésticos, que hacen sus nidos mucho más cerca de nosotros, dentro de los edificios, en sótanos, trasteros, almacenes, falsos techos o armarios. Salen a explorar de noche -sus excrementos les delatan- para buscar alimento o, cuando son demasiados en la familia, nuevas madrigueras. Su costumbre de mordisquear papel, madera o plástico causa muchos disgustos en empresas y hogares.
«Pueden provocar cortocircuitos, caídas de sistemas e incendios, porque para ellos los cables son superapetecibles», explica el especialista. Ojalá no haya que probar también su eficacia como ‘armas’ biológicas.
BBCMUNDO