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18 abr. 2018

Cerebro espiritual Neuronas Divinas


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Por: Dr. Tomás Nuñez
  
Un equipo de investigadores Canadienses analizaron el cerebro de 15 religiosas durante una vivencia de "unión con Dios" dentro de un equipo de resonancia magnética funcional. 

Los episodios místicos estaban intercalados por episodio control: minutos de reposo con los ojos serrados, o momentos en los que tenían que evocar el sentimiento de compenetración con una persona muy querida. Las religiosas describieron sus experiencias de "unión con Dios" como temporales, de plenitud y gozo incomparables y una sensación de descontextualización con lo que les rodeaba. Durante estos episodio místicos se activaron en sus cerebros las cortezas orbito frontal, parietal y singlada anterior, y los núcleos caudados del estriado. Este patrón de activación es muy parecido a los registrados de mujeres enamoradas antes imágenes fotográficas de su amado...
¿Significa esto que los circuitos del amor a Dios y el enamoramiento romántico son los mismos? La espiritualidad y la auto-trascendencia (cuando sentimos que somos más que nuestro cuerpo físico o que estamos desligado de él) pueden ser experimentado tanto por personas creyentes como no creyentes: puede sentirte unido a Dios o a la naturaleza o sentir que tu cuerpo es un todo con el universo.
Ambas parecen depender del funcionamiento del sistema soroninergico: se conoce bien que el alucinógeno LSD, que activa muchos receptores del neurotransmisor serotonina, puede ocasionar intensas experiencias espirituales.
Por otra parte es posible que la espiritualidad dependa de la estructura de la corteza cerebral: ya que un estudio realizado en las universidades de Harvard y MIT ha descrito que algunos meditadores experto tienen la corteza cerebral más gruesa de lo normal.
Esto sugiere que podría existir una base anatómica que determinaría la propensión a que seamos más o menos espirituales.
Así es posible que nuestros genes tengan un papel más determinante de lo que pensamos en definir nuestra espiritualidad. Neuronas divinas en la corteza parietal.

Dr. Tomás Nuñez