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27 mar. 2018

Naturaleza


La imagen puede contener: 1 persona, primer planoNaturaleza: la gran ausente en nuestra fe y en nuestra espiritualidad. El cristianismo es una religión de la historia, no de la naturaleza. Su credo oficial, el símbolo de la fe, es en realidad un relato, una narración que comienza con la creación y termina con la vida eterna en el cielo. El objeto de nuestra fe es una historia sagrada primordial, de cuyos eventos históricos savificos centrales creemos estar viviendo ahora su despliegues en el tiempo, hasta que llegue el fin del mundo decretado por Dios, en un momento incierto del futuro. Todo el conjunto de la realidad-pasada-presente y futura, es leída por el cristianismo como una historia de salvación. Claro, como los humanos somos también corporales, seres en el mundo, y necesitamos contar con el espacio y la materia , (la re extensa que es, que es lógicamente la re material, como diría Descarte.) Pero, diríamos que esa dimensión espacial y material es solo una limitación, sine qua non, una servidumbre con la que hay que contar, pero que tampoco compromete demasiado, es decir: todo transcurre y puede ser considerado, como si el espacio y la materia, no existiesen, o como si fuéramos espíritus, corpóreos, inmateriales, seres solo "sobrenaturales". Así todo el patrimonio simbólico del cristianismo por ejemplo, puede ser expresado casi sin referencia a lo material, a la naturaleza, o a lo telurico al cosmos. Es como si todo lo que ha ocurrido en la "historia de la salvación" en que creemos, hubiera podido ocurrir, igualmente en Marte, o en este mismo mundo pero en un piso diferente, el piso de la salvación, el segundo piso, el de las realidades espirituales, el de la "historia sagrada." Los rituales religiosos de la celebración religiosa tenían por contenido esa historia religiosa religiosa intemporal, ocurrida en un lugar ancestral, sino místico.Por eso las celebraciones nos trasladaban a un mundo espiritual, sin espacio y sin tiempo, a otro mundo, fuera del mundo y fuera de la naturaleza. Podemos decir que el cristianismo ha estado secular y hasta milenariamente de espalda a la naturaleza, prácticamente no entraba en la espiritualidad; no pasaba de ser un marco puramente exterior, como una coordenada cósmica ocasionales, inevitables pero sin ningún protagonismo ni influencia real. Pero hay mas que esta ausencia de la naturaleza.