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16 feb. 2018

ORLANDO DICE. Los partidos y el dinero


Los partidos y el dineroOrlando Gil
orlandogil@claro.net.do
OPORTUNIDAD DE ORO.- La entrega a la Junta Central Electoral de sendos informes sobre el desenvolvimiento de los partidos Revolucionario Dominicano y Reformista Social Cristiano, es una oportunidad para ver en la práctica cómo funcionaría el financiamiento en las leyes de Partidos y Electoral que se vienen discutiendo. No hay que decir que ese es uno de los puntos cruciales y controvertidos, aun cuando se hace mayor alharaca respecto a las primarias. La legislación es necesaria, importante, relevante, pero las organizaciones que reciben fondos públicos pudieran manejarse con probidad y transparencia por voluntad propia y sin que haya norma que se lo imponga. La propia Junta Central Electoral tiene en sus manos la posibilidad de ejercer con más rigurosidad su papel, si como reivindicó en estos días, su poder reglamentario es suficiente para llevar adelante el proceso del 2020 sin refuerzo legal a sus atribuciones. No sería lo mismo recibir un documento y archivarlo que someterlo a escrutinio por parte de sus técnicos o ponerlo a disposición de la opinión pública. Hasta ahora los partidos hacen sus reportes como quieran, sin cuidar la forma ni sustentar su contenido…
UN EXPERIMENTO.- La Junta Central Electoral debiera hacer el experimento de analizar los informes de los partidos, los que llegaron ahora y los que puedan entregarse más adelante, y dar su consentimiento o rechazo, según sea el caso. La experticia se impone, y debería hacerlo por sí misma, y de ser difícil, recurrir al órgano indicado: la Cámara de Cuentas. Son fondos públicos, y no es justo que se tome cuidado cuando la administración está en manos de otras dependencias del Estado, y no de los partidos. La Junta es rigurosa en ocasiones, y si lo es en el plano electoral, igual debe serlo en el financiero. Cada vez que los partidos no cumplen con los requisitos establecidos, reitera las exigencias. No conviene a la institucionalidad que participe en la operación con un simple pase de manos, que remita los recursos acordados en el Presupuesto sin pedir cuenta. Así más o menos ha sido en el pasado, y esa displicencia es la causa de que la contabilidad de los partidos no sea exacta y de los gastos no se lleve un estricto control. Como saben que no habrá cuestionamiento, se despachan de manera meladaganaria, creándose una situación de discriminación o privilegio. La Junta Central Electoral teme, y teme porque los partidos a su vez podrían írseles encima y ponerla en aprietos. El sobreentendido hace el resto…
SERÍA LO USUAL.- La justicia electoral -- por ejemplo – no acepta lo que le llevan sin chistar y demanda pruebas o documentos adicionales que le permitan hacerse una mejor idea de la situación que se somete a su arbitraje. Lo mismo debe hacerse en el plano administrativo. Un balance exacto entre ingresos y egresos, y que los gastos sean los convenidos, los apropiados, y no el libertinaje y el dispendio característicos. Ese ejercicio, incluso, debe hacerse con arreglo al sentido común. El organismo debe suplir las carencias. Las cúpulas se despachan a su antojo, sin rendir cuenta a la militancia, que nunca sabe cómo se corta el bacalao, aunque sienta el mal olor. Esa falta de control o de transparencia igual se presta a denuncias o murmuraciones lesivas a la ética política, o partidaria, o electoral. Si se conoce cada centavo y se le sigue el rastro no habrá razón de sospecha, pero tampoco de encubrimiento. Las acusaciones no serían tan alegres, como sucede a menudo. No debe obviarse el hecho cierto y replicado en los diferentes partidos, de que una parte se enfrenta a la otra, o de que el manejo de las finanzas convierte a uno de los bandos en hegemónico. No es que por la plata baila el mono, sino que el mono con plata baila con mayor lucimiento y gana más aplausos…
AL MOMENTO.- Conviene poner a prueba la ley antes de que sea verdaderamente discutida y aprobada, y la entrega de los informes financieros es una oportunidad. Si el PRD y el PRSC se adelantan, y lo hacen bien, no tiene por qué ser diferente el tratamiento y el resultado de los demás. Debe decirse de los partidos grandes, pero igual de los pequeños. El tamaño no garantiza probidad ni transparencia, y los pecados de los grandes son los mismos de los pequeños, mucho más que ahora andan de la mano, y los grandes por alcahuetería quieren excluirlo de la rigurosidad. Por ejemplo, circula un documento en que los integrantes del Bloque Opositor plantean primarias cerradas y simultáneas. Y habría que ver, pues entre los consensos en la comisión bicameral estaba salvar a las organizaciones pequeñas del requisito de la consulta interna. Como ahora se partirá de cero, y suscriben el pedido, de seguro que no se pensará dejarlas fuera. Ese será un trance interesante, pues se tiene que muchos de esos grupos minúsculos tienen la costumbre – en tiempos de elecciones – de llevar de candidato a gente ajena a sus filas. Y el procedimiento es de imposición, nunca de consulta. Cuando vayan a inscribir, no será el recurso de los propios que forzará indagatoria, sino la ley en manos del organismo de elecciones…
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